Un pacto por los niños

Un pacto por los niños

La pérdida más brutal de capacidades que estamos sufriendo es la humana. El golpe de la pandemia sobre los niños más pobres parece irreversible.

El desarrollo es un proceso acumulativo, en el que cada generación produce los recursos necesarios para su propio bienestar y para el de las siguientes. Se trata, en síntesis, de incrementar las capacidades de la sociedad de modo que la plataforma sobre la que se basa el crecimiento sea mas sólida y compleja.

La palabra que resume ese proceso es inversión: económica, social, educativa, relacional. Cuando los países sostienen esas inversiones, no solo aseguran un crecimiento mas sostenido e inclusivo, sino que además tienen los recursos para resistir las crisis y salir mas rápido.

Desde esta perspectiva, la historia argentina de los últimos 70 años es dramática. Básicamente somos un país que – con intervalos efímeros- no ha podido sostener ese proceso virtuoso que caracteriza a los países exitosos. Si nos comparamos con el 90% de los países del mundo- incluyendo nuestros vecinos- el fracaso es clarísimo.

Una crisis detrás de otra, además de generar pobreza, se ha ido llevando los recursos materiales y simbólicos que permitirían evitar la siguiente. Por eso es que cada problema de la economía mundial o cada sequía o conflicto político local se amplifica ad infinitum, anticipando la próxima crisis con el resultado de una pobreza cronificada que cuesta cada vez mas reducir.

Nuestro Gobierno no pudo superar el lastre que recibió de un kirchnerismo que había agotado otros stocks: energía; hacienda; reservas; déficit y sufrió el impacto de la debilidad ante las crisis internacionales y la incertidumbre generada por las PASO.

Si miramos el hoy con este lente, vemos la situación crítica en que nos hallamos.

El Gobierno ha agregado a todos los factores de debilidad estructural el de la incertidumbre sobre el rumbo futuro de toda la sociedad. El ataque a la Justicia; la complacencia con las violaciones a la propiedad privada; la alianza explicita con Venezuela están dinamitando la posibilidad de recuperar niveles de ahorro e inversión compatibles con un mínimo crecimiento sostenible.

Los ejemplos mas claros son el agotamiento de los últimos stocks financieros disponibles: el FGS y hasta el INTA; una muestra de la desesperación y falta de horizonte.

A nivel general, la única manera de frenar este proceso es con un shock de confianza que vuelva a dar importancia al futuro frente al presente y dé el tiempo para evitar una nueva crisis. No parece fácil en un espacio político para el que palabras como justicia, inversión, productividad y capital son anatemas; pero no tienen otra salida.

Pero tal vez la pérdida mas brutal de capacidades que estamos sufriendo es la humana. Como lo muestra el informe reciente de la UCA, el golpe de la pandemia sobre las capacidades de los niños más pobres parece irreversible y condiciona aun mas los niveles futuros de pobreza y desarrollo a largo plazo.

Este tema requiere un esfuerzo sobrehumano de toda la sociedad. Desde focalizar con precisión las ayudas económicas hasta acompañar directamente a sus familias e implementar un programa educativo que permita recuperar lo perdido, todo debería ser parte de una epopeya nacional, un Pacto por los niños que nosotros desde JxC estamos preparados a apoyar.

El Gobierno debe asegurar que gremios, gobernadores e intendentes acepten tomar este tema como prioridad e incorporar las mejores tecnologías disponibles, mas allá de resistencias corporativas.

Francamente, no somos optimistas en que se pueda cambiar el discurso y la concepción económica; pero al menos el Gobierno debería evitar que los mas débiles pierdan definitivamente la posibilidad de construir una vida digna.

El artículo fue publicado en el Diario Clarín el 4 de enero de 2021

Share this:

La fantasía de las tierras improductivas

Más allá de “verdes” y “celestes”